domingo, 24 de mayo de 2026

Cómprame un fanzine

Este fin de semana he estado en Asalto Gráfico. Se describen como feria de autoedición, aunque hoy el concepto de autoedición es más poderoso que un fanzine fotocopiado. Con las posibilidades actuales, para que algo parezca un fanzine hay que hacerlo casero a propósito. Un ilustrador/a (esta "a" es importante, en este segmento hay al menos tantas mujeres, o más, que hombres) puede fraguar una publicación desde su casa tan perfecta como una editorial conocida. La diferencia hoy radica más en tener una editorial que te oriente y respalde tu trabajo, y sobre todo que se preocupe de acompañarte en la divulgación y la distribución. Que te conozcan más allá de tu límite, eso es lo más difícil.

Me ha parecido que el nivel es muy alto. Hay gente muy joven y más mayor; la trayectoria y la experiencia es un grado, porque permite definir tu marco, pero también brillan los que empiezan. A veces las propuestas buscan la estética, pero la mayoría vienen cargadas de ideas, de rabia, de resistencia al mundo que parece que nos pasa por encima; de sensibilidad, en definitiva. 

Siempre me quedo con las ganas de preguntar no tanto cómo se empieza, sino como algunos consiguen permanecer. Si es posible sin apoyo familiar, por ejemplo. Si la vocación basta para seguir desarrollando lo tuyo desde una habitación. Todas esas condiciones que a veces, tanto o más que el talento, permiten avanzar.

He comprado cosas. No a todos (había sesenta), aunque me hubiera gustado. ¿Cuántos segundos de atención se merece cada puesto, cuánto interés observar las publicaciones tanto tiempo preparadas? Hay algo sentimental en esto de venderse a uno mismo, no es el mostrador de una librería. Ves los ojos de los autores, que observan tus movimientos. Algunos, como si no les importara el juicio del cliente; otros, abren los ojos y sonríen, a punto de escapar de su boca el torrente que guardan dentro. "Esto lo hice a partir de esta idea y de aquella otra...". 

Me parece fenomenal, y muy justo, que el Herreriano les acoja. Qué mejor sitio para dar vida al claustro del museo.














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