miércoles, 16 de marzo de 2011

Historias prójimas

El sábado 14 de marzo de 1964, un incendio quemó la casa en la que vivían mis padres y mis abuelos. Por entonces el Adelantado de Segovia era un periódico vespertino, y no salía los domingos, así que no fue hasta el lunes 16 cuando se publicó la noticia: “Un violento incendio destruyó el sábado dos viviendas. La fuerza del viento contribuyó a que las llamas se extendieran con mayor rapidez. No dio tiempo a salvar ningún mueble, ni prendas de ropa. Los inquilinos perdieron, por tanto, todos sus enseres”.

Ha sido hace pocos días cuando, gracias a la hemeroteca del diario, he leído esa noticia tal como se publicó. Las letras de molde dan una nueva dimensión a una historia que he escuchado mil veces de boca de mis padres, que nunca han pasado por alto el aniversario del suceso, el mes de marzo de cada año. El fuego hizo una muesca en la medición del tiempo familiar: “Con esta manta saqué a tu hermana en brazos cuando se quemó la casa” o “esta toalla fue la primera que compramos después del incendio”, eran frases habituales que marcaban el antes y el después.

Cada periódico está repleto de esas historias. De gente que era más o menos anónima hasta que un día perdió bienes, el empleo, la salud, o algo realmente irreparable, la vida. De detalles que sólo por un día dejan de ser domésticos y en los que apenas se detiene el lector, pero que han dado un vuelco a la existencia de sus involuntarios protagonistas. La noticia con la que abría ese Adelantado de 1964 era que el domingo se había registrado un seísmo modesto a 260 kilómetros de Granada. La felicidad del archivero y el historiador es que las preocupaciones de entonces ya no duelen como las de ahora, porque el tiempo ya ha hecho su trabajo.

En el periódico de hoy veo una fotografía de una tienda japonesa, que ha habilitado en la calle una regleta de enchufes para que la gente recargue el móvil, y no necesito imágenes que violenten la desolación de las víctimas para comprender mejor el drama. ¿Ha intentado explicar a un niño qué es el prójimo? Que todos seamos hermanos me parece de una familiaridad impracticable, pero casi seguro que somos prójimos, compañeros de intemperie.

Transcurrido mucho tiempo desde el día que marca el antes y el después, una mañana cualquiera el que lo pierde casi todo se encuentra a sí mismo haciendo alguna cosa innecesaria. Se toma un café, se compra una revista. Y en los archivos vuelven al trabajo.


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