miércoles, 8 de marzo de 2023

Labores

Estas labores tan bonitas aparecen recogidas en "Los bordados de Segovia", obra publicada en 1930 por Concepción Alfaya, junto a su hermana, Paz. No sabía de ella hasta hoy, gracias al apunte que hoy, 8M, comparte Carlos Álvaro, recordando a la que fuera primera mujer académica de la Universidad Popular segoviana. Ya por entonces eran conscientes de que el arte popular, y el modo de vida que lo alumbraba, desaparecía. De algún modo, la misma corriente que impulsaba a las mujeres fuera de lo doméstico, acababa con esas pequeñas ventanas de color que nacían precisamente de su confinamiento, de ese paraíso y a la vez cárcel que era su "reino", el hogar. Concepción fue una pionera de ello, aunque también comprendía que en ese avance, inevitablemente, algo se perdía en el camino.

El libro está disponible en la Biblioteca Digital de Castilla y León.














martes, 28 de febrero de 2023

Adiós al Corte Inglés



Esta tarde, alguien ha cambiado por última vez el rollo de secarse las manos en el lavabo del Corte Inglés de Constitución. Alguien ha doblado por última vez una pila de jerséis, revueltos por una señora que apuraba las rebajas. Esta noche bajarán la persiana y dentro quedarán los vigilantes, custodiando los objetos que nadie comprará mañana.


El primer sitio que visité de Valladolid fue Galerías Preciados. Compré con mis ahorros un vestido de cuadraditos azules y cuello redondo con puntilla, al estilo de la casa de la pradera, que era lo que se llevaba. Me gustó desde el principio un sitio donde podía tocar las cosas y, en silencio, encajarlas en mi imaginación. A veces comprarlas, y otras muchas no, sin un mostrador de por medio ni nadie que te pidiera cuentas. Quince años después, cuando empecé a trabajar aquí, había dos ‘Cortes Ingleses’. Terminaba el verano, y en los periódicos las tiendas pequeñas criticaban que los grandes almacenes abrieran por la tarde en la semana de San Mateo, cuando la tradición era cerrar. Ahora esas peleas entre gran almacén y pequeña tienda parecen de broma, comparadas con la presión absoluta e impersonal de las ventas on line.

Dice alguien que conozco que sólo son ciudades las que tienen Corte Inglés, o sea como mucho dos o tres en toda la región. No es así, pero entiendo lo que quiere decir. Esas puertas abiertas para pasear en llano cuando hace frío, o para no desmayarte cuando caen 35° en la calle, son un mini mundo para muchas personas que no tienen tan fácil recorrer tiendas ni hacer pedidos por internet. Para mí fueron un mini mundo cuando mis hijos eran bebés y pasaba las tardes tontas dando vueltas por la planta juguetes.
Lo siento por las empleadas y empleados, porque pese a los malos ratos sentirán la pérdida; lo siento por los vecinos del centro, que hacían sus compras allí. Lo siento por mí, que hace pocos días disfrute por última vez de la vista fantástica de la cafetería de la última planta. Dicen que pondrán un restaurante, pero ya no costará sólo el precio de un café pasar el tiempo flotando por encima de los tejados del centro de Valladolid. Adiós a la pared de Rumasa, adiós al Corte Inglés de Constitución.

viernes, 17 de febrero de 2023

Las obligaciones de los candidatos

A la vuelta de la esquina están las elecciones municipales, y ya no sabrás si la noticia que abre el informativo es verdad, casi verdad o casi mentira, ni mucho menos por qué justo aparece ese día. La carrera para fichar candidatos ha empezado. Encontrar candidato, o sea, alguien que quiera y pueda serlo, no es fácil. Alguien que no se eche para atrás de partida, y que esté convencido de embarcarse en la hazaña de gobernar, o la mayor aún de permanecer en la oposición. Porque la historia está llena de candidatos que ya salieron desganados de partida; esos que cuando les preguntan que por qué se presentan se cuadran y contestan “yo estoy a disposición del partido”. Y así no se puede ni ganar elecciones, ni ir a la vuelta a la esquina.


Hace unos pocos años, el querido Luis Barcenilla, que fuera jefe de Comunicación de Juan José Lucas, organizaba cursos sobre líderes y portavoces políticos, en los que básicamente se hablaba de cómo ganar elecciones. Coincidieron en uno de ellos Oscar López y Miguel Ángel Rodríguez. Por entonces López era secretario y candidato del partido socialista a la Junta. Recuerdo una ponencia entusiasta sobre la campaña que llevó a la Casablanca a Obama con su “Yes, we can”, en la que los mensajes de texto y Facebook jugaron por primera vez un papel importante en la victoria. Por su parte, Rodríguez acudía entonces a la Universidad Miguel de Cervantes, donde se celebran las jornadas, con un currículo repleto de ex: ex portavoz del gobierno de José María Aznar, ex director de Comunicación del PP, ex secretario de Estado de Comunicación. Parecía que sus años dulces habían terminado. Pero Barcenilla, que era muy listo y siempre permanecía en la retaguardia, me dijo. “Miguel Ángel sabe”.

El verano anterior a la campaña electoral de 2011, Óscar López hizo un recorrido en bicicleta por varios pueblos de Castilla y León, en una inédita campaña de imagen. Se movía en Facebook cuando no lo hacía casi nadie, subía canciones de U2... Todo sonaba a nuevo en una región que ya llevaba años gobernada por el Partido Popular. Pero no funcionó, por muy modélica y moderna que fuera la campaña no conectó con los electores de Castilla León. En las últimas elecciones del dulce bipartidismo, con solo un escaño simbólico para Izquierda Unida y otro para UPL, el PP fortaleció su hegemonía. Quizás era demasiado pronto para esa campaña: si metes prisa hacia un camino nuevo, tienes que mirar quién te sigue. Es como los rulos del pelo: te puede parecer que están pasados de moda y que nadie los usa, pero se siguen vendiendo.

En ese momento también parecía que Oscar López estaba en horas bajas, pero siguió su camino y hoy por hoy es el hombre fuerte en el gabinete de Pedro Sánchez. De Miguel Ángel Rodríguez, soporte esencial de Isabel Díaz Ayuso, poco más se puede decir que, como resumía Barcenilla, “sabe”. Me acuerdo que el curioso título de la ponencia de Rodríguez fue “Portavoces de Gobierno: periodistas o políticos. ¿A los periodistas les falta corazón para ser políticos?”. No recuerdo lo que dijo ese día, aunque puede que haya cambiado de opinión, porque curiosamente la presidenta de la comunidad de Madrid es periodista de formación. No creo que los corazones falten más en unas profesiones que en otras. Puede que Rodríguez se refiriera a que los periodistas, por lo menos antes, estábamos obligados a mantener cierta equidistancia alejada de las pasiones pasajeras, que a veces puede parecer frialdad y, en los peores casos, cinismo. Claro que eso era antes, ahora las tertulias de periodistas están tan encendidas o casi tanto como los parlamentos.

En cuatro días escucharemos las voces cruzadas de los candidatos a las alcaldías, con la de capital como joya de la corona. Yo no sé si hay que desear que tengan más corazón o más cerebro, porque a veces el corazón justifica crueldades que la templanza evitaría. Estaría muy bien que quienes se presente quieran hacerlo por mejorar su ciudad o pueblo, y no solo para cumplir el expediente y sumar puntos para la próxima estación que decida su partido. Dada la efervescencia de la vida política actual, difícilmente habrá consenso para que un solo alcalde del siglo veintiuno tenga una calle, como Miguel Íscar. En pocos años serán olvidados, salvo por aquellos a los que hagan algún bien. En campaña, que no se fíen tanto de los asesores. Que paseen por los barrios donde no viven y conversen con quien no suelan hablar, tratando de comprender cómo palpita la ciudad.

 

martes, 7 de febrero de 2023

Gamoneda y Gil de Biedma

Gamoneda tiene una mente difícil de seguir y en en la entrevista que le hizo Mario Obrero lo vuelve a demostrar, pese a la simpatía de Mario Obrero. Pero es único. Hay una parte que me ha interesado mucho, cuando le pregunta Mario por la poesía del hambre, en la que le incluye, así como a Félix Grande, Paca Aguirre... Gamoneda responde: "Jaime Gil de Biedma era rico y yo muy pobre. Mi madre trabajaba hasta las 4 de la mañana y yo cobraba un sueldo miserable. ¿Pueden ser poéticamente iguales los pudientes y los pobres como yo? No es malo que él tuviera una ideología, pero no es posible que fuéramos lo mismo. Yo no necesitaba la ideología para ser de izquierdas, lo era desde la pobreza, pero él sí la necesitaba....". Yo pienso a menudo en esto, hasta qué punto tu pensamiento es fruto de las circunstancias. Dicen eso de que no hay un tonto más grande que un obrero de derechas, pero solo viene a ser el caso opuesto al de Gil de Biedma. Depende de donde nazcas, sí, pero también de la ideología que te permita sobrevivir, y a veces la ideología no es dónde quieres permanecer, sino hacia dónde quieres ir. ¿Por qué deseamos unos un tipo de mundo y otros otro? Pues yo qué sé...



Entrevista a Gamoneda, en Un país para leerlo La 2 TVE: https://www.rtve.es/play/videos/un-pais-para-leerlo/entrevista-antonio-gamoneda/6797779/?fbclid=IwAR1N0MZrjoolHOZnoeocry_PTsCyXmJD5maOkKLeb89er9CxXPA_0STcSHU

viernes, 13 de enero de 2023

El hombre blandengue

De pequeña, o sea hace bastante tiempo, leía tebeos del Jabato y el Capitán Trueno. La chica del primero, Claudia, era una romana morena, y Sigrid, una reina rubia y nórdica. No me identificaba con ninguna: siempre me pareció una lata ser el “descanso del guerrero”, esperando su llegada sobre el corcel, entre batalla y gesta. Y ellos, los héroes, eran aburridos a más no poder, unos iluminados sin aristas ni dudas, buscando la gloria y descuidando a su familia. Esa distancia entre lo que es un hombre real y esa cosa de acero inoxidable en la que les encorsetaron, se ha ido limando, cuando no demoliendo con los tiempos. Principalmente porque las mujeres se movieron del tiesto, por qué decir otra cosa. Si alguno o alguna siente nostalgia y piensa que por algún hechizo van a conseguir regresar a ese mundo, se engaña vilmente.

 Ullán. La Luna / A. Suárez/Pull

Por ahí va la campaña del “hombre blandengue” del Ministerio de Igualdad. Aunque cuando la veo o leo, no pienso en fumigar a esos “hombres que caminan que parecen visigodos, mucho músculo poco cerebro”, como peroraban Siniestro Total. Pienso en José Miguel Ullán, el que estaba escuchando con una sonrisilla enigmática cuando el Fary soltó su famosa frase. Ullán era el periodista que dejó expresarse al cantante para decir algo que le salía de dentro, algo que ya sonaba muy regular hace ¿ya casi 40 años? Algo sobre lo que el propio Fary se contradecía: “Detesto al hombre blandengue. Esos hombres que van con las bolsas de la compra, que empujan el carro del niño… los detesto… bueno, me parece bien.”. ¿Sería que le parecía bien que alguien llevara las bolsas, pero no él en concreto? Es tarde para pedir al Fary, que era una mina de autenticidad, que aclare lo que quiso decir. El caso es que lo entendimos todos. Entendimos hasta su propia contradicción, porque, a ver, ¿quién no quiere estar sentado con el mando de la tele y a la vez que estén las cervezas frías en la nevera y el nene calladito?

Pero yo pondría el foco en José Miguel Ullán, por desgracia ya fallecido hace unos años. Ullán era un artista completo. De él dijo María Zambrano que era “un poeta único que hay, de tarde en tarde, en cada país”. Pero no solo eso, busquen su currículo. Digamos que, en el ámbito de la cultura y el periodismo, estuvo en los lugares que cualquiera ambicionaría. Eso sí, duraba poco. Era como el agua, libre, y también capaz de provocar inundaciones. “Un escritor sin maldad no puede ser bondadoso”, decía. Recién llegada a Valladolid, asistí a unas jornadas sobre la poesía de Francisco Pino. Por ahí andaba Ullán, cercano a la gente del Signo del Gorrión, revista que ilustró también. Le recuerdo tímido y con media sonrisa en la mesa, leyendo algún poema, pensando en a saber qué.

Del Fary no dijo nada en aquella ocasión. Pero sí he encontrado, en una revista ya desaparecida, la Luna de Madrid, una entrevista en la que explicaba por qué un señor como él, un intelectual, que conocía a Roland Barthes, tenía ese interés por las folklóricas, o por Eurovisión, festival que presentó varias veces: “Todo aquello que parecía coincidir más con mis intereses empezó a aburrirme como a las tres horas de llegar. Todo es intercambiable con los intelectuales al uso en este país. Pero no era lo mismo con el Fary o Juanita Reina”. Reconocía que Alaska le caía bien, pero que su lenguaje y forma de hablar era un rollo, porque justo  hablaba como él mismo, y que prefería a la Pantoja en eso, porque lo que decía le salía de dentro, de las tripas.

Por ese interés sincero en lo que tiene que decir el otro, aunque sea otro muy diferente de uno mismo, Ullán logró que José Luis Cantero hiciese esas declaraciones brutales que dejan al descubierto la endeblez de las costuras del machismo. Fue el mismo Fary el que hizo la mejor campaña contra esa forma ridícula e injusta de entender el mundo y las relaciones de pareja. Pero claro, tenía que haber al otro lado un señor tan listo como José Miguel Ullán, nacido en Villarino de los Aires, Salamanca, y no un periodista militante de los que tanto abundan hoy, que se hubiera escandalizado al minuto y hubiera hecho callar o incluso expulsado del estudio al Fary. Por eso es conveniente dejar a la gente que hable y diga lo qué tiene en la cabeza, y hasta es posible que ellos mismos empiecen a contradecirse. Porque lo del sermón todo el día no hay quien lo aguante.